lunes, 9 de enero de 2012

Ante el dolor de los demás.

La iconografía del sufrimiento es de antiguo linaje. Los sufrimientos que mas a menudo se consideran dignos de representación son los que se entienden como resultado de la ira humana o divina. El grupo escultorico de Laoconte y sus hijos debatiendose, las incontables versiones pintadas o esculpidas de la Pasión de Cristo y el inagotable catalogo visual de las desalmadas ejecuciones de los mártires cristianos, sin duda están destinados a conmover y a emocionar, a ser instrucción y ejemplo. La representación de semejantes crueldades esta libre de peso moral. Solo hay provocación: puedes mirar esto? Esta es la satisfacción de poder ver la imagen sin arredrarse. Esta el placer de arredrarse.

Estremecerse frente al gravado de Goltzius El dragón devora a los compañeros de cadmo (1588), que representa la cara de un hombre arrancada de su cabeza de un mordisco, difiere mucho del estremecimiento que produce la fotografía de un ex combatiente de la Primera Guerra Mundial cuya cara ha sido arrancada de un disparo. Un horror inventado puede ser en verdad un abrumador. (Por mi parte, me resulta difícil ver el espléndido cuadro de Tiziano en el que Marsias es desollado, y sin duda cualquier otra imagen con este tema.) Pero la vergüenza y la conmoción se da por igual al ver el acercamiento de un horror real. Es un tema intrínsecamente secular, que surge en el siglo XVII, cuando la reorganización de los poderes contemporáneos se convierte en materia prima para los artistas. En 1633 Jacques Callot publico una serie de dieciocho grabados titulada les miseres et les malbeurs de la guerre ( Las miserias y desgracias de la guerra), la cual representa las atrocidades que cometieron las tropas francesas contra los civiles durante la invasión y ocupación de su Lorena natal a comienzos del decinio de 1630. ( Seis grabados pequeños del mismo tema que Callot había ejecutado antes de la serie mayor aparecieron en 1635, el año de su muerte.)

Los desastres de la guerra, una serie numerada de ochenta y tres grabados realizados entre 1810 y 1820 ( y publicados por primera vez, salvo tres laminas, en 1863, treinta y cinco años después de su muerte), representa las atrocidades que los soldados de Napoleón perpetraron al invadir España en 1808 con objeto de reprimir la insurrección contra el yugo francés. Las imágenes de Goya llevan al espectador cerca del horror. Se han eliminado todas las galas de lo espectacular: el paisaje es un ambiente, una oscuridad, apenas esta abozando.

Las expresivas francés en cursiva al pie de cada imagen, comentan la provocación. Si bien la imagen, como cualquier otra, es una inducción a mirar, el pie reitera, las mas veces, la patente dificultad de hacerlo. El habla común fija la diferencia entre las imágenes hechas a mano como las de Goya y las fotografías mediante la convención de que los artistas hacen dibujos y pinturas y los fotógrafos toman fotografías. Pero la imagen fotográfica, incluso es la medida en que un rastro ( y no una construcción elaborada con rastros fotográficos diversos)' no pueden se de mera transparencia de lo sucedido.

Las imágenes de Goya son una síntesis. Su pretensión: sucedieron cosas como estas. En contendré representar con exactitud lo que estaba frente a la lente de la cámara. Se supone que una fotografía no evoca sino muestra. Por eso a diferencia de las imágenes hechas a mano, se pueden tener por pruebas .

En efecto, la fotografía bélica comienza con es misión, con esa deshora. La guerra fue la de Crimea, y Roger Fenton, considerado sin excepción el primer fotógrafo de guerra, fue


ni mas ni menos que el fotógrafo oficial de aquel conflicto, enviado de Crimea a comienzos de 1855 por el Gobierno británico a instancias del príncipe Alberto.

La mortandad de las tropas por causas no atribuibles al combate era horrenda -las enfermedades mataron a veintidós mil soldados; muchos miles perdieron extremidades a causa de la congelación en el dilatado invierno ruso durante el largo sirio de Sebastopol - y varias acciones militares resultaron desastrosas. Fenton, siguiendo instrucciones del Ministerio de Guerran de no fotografía a los muertos, los mutilados y los enfermos , y excluido de casi todos los otros temas a causa de la aparatosa tecnológica fotográfica, se ocupo de representar la guerra como solemne excursión solo hombre.

Una muestra mas audaz de imágenes de la muerte y de la ruina tras la batalla, la cual no destaca las bajas sufridas sino la temible severidad del poderío militar británico, se realizo otro fotógrafo que había visitado la guerra de Crimea.

La impresionante fotografía que Beato hizo en Lucknow del palacio Sikandarbagh, destripado por los bombardeos, muestra el patio cubierto de huesos de los rebeldes.
La primera tentativa de gran alcance de documentar un conflicto la emprendió unos años mas tare, durante la guerra de Secesión de Estados Unidos, una casa fotográfica que dirigía Mathew Brady, el cual había hecho varios retratos oficiales del presidente Lincoln.

Semejantes fotos también transmiten una moraleja útil al mostrar el horror nítido y la realidad de la guerra en contraste con su boato escribió Gardner en el texto se acompaña la foto de O'Sullovan de los soldados confederados caídos, con sus rostros agónicos dirigidos al espectador, el el álbum de sus imágenes y de otros fotógrafos de Brady que publico después de la guerra.

Captar una muerte cuandon en efecto esta ocurriendo y embalsamarla para siempre es algo que solo pueden hacer las cámaras y las imágenes, obra de fotógrafos en el campo, el momento de la muerte ( o justo antes ) están entre las fotografías de guerra mas celebradas y a menudo mas publicadas.

Mas perturbadora resulta la ocasión de ver a personas ya enteradas de que se les ha condenado a muerte: el alijo de seis mil fotografías realizadas entre 1975 y 1979 en una prisión clandestina situada en el antiguo instituto de bachillerato de Tuol Sleng, un barrio a las afueras de Phnom Penh, la casa de la muerte de mas de catorce mil camboyanos acusados de ser intelectuales o contrarrevolucionarios; la documentación de aquella atrocidad es cortesía de los archiveros de los jemeres rojos, los cuales sentaron a cada persona para retratarla justo antes de su ejecución.

La administración se mezcla con la desaprobación de las fotos por el dolor que puedes causar a los parientes femeninos de los muertos. La cámara aproxima al espectador, demasiado; auxiliado por una lente de aumento pues esta es una historia con Dora lentes , las fotos que destacan de un modo terrible dan una información innecesaria e indecente. Con todo, el reportero del Times no puede resistirse al melodrama que suministran las palabras mismas los cuerpos chorreasteis listos para las fosas abismales mientras censura en intolerable realismo de la imagen.

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